Por favor, perdón y gracias. Las tres palabras mágicas que el dinosaurio violeta le enseña a nuestros hijas e hijas como la llave para vivir en armonía.
La presidenta dijo ayer por favor, con elocuencia pero también con espontaneidad, y el mundo pareció derretirse. Antes y después desgranó nuevamente con profundidad y convicción su visión del modelo económico y del manejo del poder. Pero pareció menos importante.
Ventajas de ser mujer, que también las hay: si un hombre pide por favor es debilidad, si lo hace una mujer es humildad.
En los últimos días quedó claro como nunca que la reacción visceral, pasional (no la política o de intereses, que va por otros carriles) en contra de la presidenta tuvo que ver con que ni los patrones ni sus esposas, ni sus amigas, podían soportar que fuera una mujer la que, literalmente, les parara el carro.
“Es una soberbia”, gritaba una señora agitando su cacerola y pidiendo que renuncie la presidenta a la que votó casi el cincuenta por ciento de los argentinos hace seis meses porque a ella le cae mal. ¿Soberbia?
“Esa bruja que nos levanta el dedo”, dijo una joven bonita. Tal vez la única imagen de una mujer con poder que recordaba era su profesora en el secundario.
Acostumbrados por generaciones a que las mujeres sólo podían ser madres o maestras, una mujer ejerciendo el poder está produciendo un fenómeno revulsivo entre los argentinos del que seguramente todavía no tenemos dimensión.
Todos los clichés se van cumpliendo: allí donde un hombre tiene “fortaleza” una mujer es “una loca”; donde un hombre “ejerce autoridad” una mujer es “una histérica”. Si un hombre cambia de humor es “un paso estratégico”, si es una mujer es una cuestión hormonal o un problema con su marido.
¿Calidad institucional? Los insultos, amenazas, voces discriminatorias, que se escucharon en estos días contra la mujer que ejerce la mayor investidura de la Argentina por el voto popular, y que fueron reproducidos sin que nadie intermediara, son de una falta de respeto a las instituciones y el régimen democrático representativo que no tienen parangón.
La presidenta dijo por favor. Todavía falta saber si el resto de los protagonistas de esta semana está dispuesto a decir perdón, y gracias.
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